La crisis del modelo de la economía tradicional

La crisis del modelo de la economía tradicional

La crisis económica actual es la manifestación de un profundo desequilibrio surgido durante los últimos años (por un modelo económico basado en una permisiva inflación, un sector publico empeñado en acrecentar el gasto publico y la potenciación de unos pocos sectores económicos tradicionales que acaparan la mayor parte del PIB basados en el trabajo intensivo de baja cualificación), entre la oferta y demanda de los sectores que producen algunos de los bienes y servicios mas tradicionales como construcción de viviendas, automóviles, turismo, energías convencionales o productos industriales duraderos, y con un empleo de bajos salarios y de poca especialización, que han podido aumentar el precio de sus bienes y servicios vertiginosamente en unos años gracias a la fortaleza de la demanda, y que han sufrido, al final de un proceso sin salida, una fuerte contracción de la demanda como reacción de las unidades económicas, familias, empresas y entes públicos ante la gravedad de su fuerte endeudamiento a largo plazo, asumido para la financiación de los excesos de la demanda en los pasados años.

La situación de crisis e insolvencia en la que se encuentran las entidades bancarias que han financiado, de forma poco profesional, esa excesiva demanda de unos bienes demasiado caros para el nivel medio de rentas del solicitante, y que ahora se encuentran con un fuerte crecimiento de la morosidad, ha generado una contracción del crédito en general, que esta agudizando y extendiendo la crisis a otros sectores económicos, que se ven así incapaces de financiar su propia actividad.

Este desequilibrio se ha manifestado bruscamente en una contracción de la demanda de bienes y servicios que puede ser de una muy larga duración dada la situación financiera de las familias y las empresas, un incremento de la morosidad, una reducción del crédito, un incremento del paro, un descenso de la renta disponible, una caída generalizada de las cotizaciones bursátiles y una aceleración del déficit de los entes públicos. En un circulo de causas-efectos que esta agravando la crisis de forma alarmante.

Esta situación se esta reproduciendo en numerosos países industrializados, lo que esta paulatinamente trasladando la crisis a amplias regiones mundiales, con su incalculable efecto sobre los intercambios internacionales e incluso los mecanismos del librecambio.

Algunos sectores económicos están reaccionando a la crisis, produciendo un ajuste de precios con el objeto de lograr un futuro nuevo equilibrio, como es el caso de la vivienda, el petróleo, los activos bursátiles o los tipos de interés, pero el conjunto de la economía no lo esta haciendo, y los precios y salarios, aunque con menor intensidad, continúan creciendo, agravando así el desajuste de los mercados y contribuyendo a intensificar el crecimiento rápido del desempleo y la desaparición de empresas.

Este ajuste de precios y rentas debería ser la respuesta del mercado al empobrecimiento generalizado que esta produciendo la crisis, y debería ser facilitado por la acción de los poderes públicos ampliando el mercado y eliminando intervenciones anteriores y rigideces, creadas con la intención de proteger a determinados grupos y sectores, que impiden que precios y rentas de numerosas actividades se ajusten al nuevo equilibrio, ya que si no lo hacen tendrá, sin duda, como consecuencia una prolongación de la crisis en el tiempo y un mayor efecto sobre el empleo y el tejido productivo.

Del mismo modo, el aumento del gasto publico dirigido a mantener y proteger las actividades económicas del modelo de desarrollo causante de la crisis, en lugar de a la promoción de los sectores de futuro mas tecnológicos y empleadores de capital humano de mayor formación, solo contribuirá a dificultar y retrasar el ajuste del mercado, al artificioso mantenimiento de unos sectores sobredimensionados, al mayor endeudamiento del país y a obstaculizar el desarrollo de los nuevos sectores por la inversión privada, esos sectores que debieran en el futuro tomar el relevo de la economia tradicional en crisis.

El Premio Nobel de Economía Michael Spence, dice que España tendrá que afrontar un “periodo de crecimiento muy lento y de serias dificultades internas”. Y subraya que España persiguió desde la mitad de los años 90 un modelo de desarrollo cercano al estadounidense y que, por tanto, reproduce sus defectos. Asimismo, recuerda que dicho modelo se basó de forma mayoritaria en el desarrollo del sector inmobiliario, con el objetivo de superar una brecha en infraestructuras muy marcada, en un sistema que finalmente no pudo resistir la caída del valor de las viviendas.

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Este proceso se inicio cuando con las cuantiosas ayudas comunitarias, erróneamente, se priorizo una masiva inversión en infraestructuras  frente a las nuevas tecnologías, en un intento de acrecentar el empleo a corto plazo.

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